Por si las moscas
Limpiar armarios, computadores, refrigeradoras o nuestros cerebros es imprescindible. Será liberador
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
Ropa por ponernos, notas para examinar de nuevo, libros a releer o historias por contar aguardan su momento: aquel en que resolvamos retomarlos. “Déjalo ahí, pronto le buscaré un uso”, decimos cuando una persona pretende tirar cosas que tenemos guardadas en espacios que podrían servir para mejores aplicaciones.
Muchas veces, más de las que quisiéramos admitir, guardamos objetos cuyo empleo o destino es incierto. “Ya se me ocurrirá qué hacer con eso”, rumiamos cada vez que tropezamos con aquello.
Así, en la vida nos llenamos de ideas por redondear, archivos que estudiaremos, fotos que escogeremos e innumerables tareas en suspenso. Aunque posiblemente lejos estemos de considerarnos acumuladores, vamos inundándonos de “por siacasos” o “¿y si llega el día…?”.
Seguro parte de esto se deba a la incapacidad de decidir cuando tuvimos la chance. Tal vez sufrimos de simpatías desmesuradas por determinados artefactos, tememos perdernos de algo o simplemente carecemos de habilidad para priorizar frente a alternativas diversas.
Independientemente de la circunstancia que padezcamos, lo concreto es que somos asaltados regularmente por estas situaciones, ya sea que hayan hecho que lo notemos, el equipo emita la alarma del límite de memoria o nos topemos sorpresivamente con “eso”. Difícilmente pasamos a la acción en el instante y volvemos a ponerlo donde estaba, hasta una fecha próxima, con la vana esperanza de solucionarlo en dicha ocasión.
Limpiar armarios, computadores, refrigeradoras o nuestros cerebros es imprescindible. Será liberador. Cuando finalmente lo hacemos, somos invadidos por el alivio y la satisfacción de la misión cumplida, sintiéndonos “agilitos”, luego de haber despedido peso adicional e innecesario. Sin embargo, esto es menos frecuente de lo que debería y la cantidad de elecciones aplazadas se amplía día a día. Corremos el riesgo de que se vuelvan obsoletos, olvidemos en qué lo usaríamos o sencillamente hayan pasado a transformarse en irrelevantes.
Entonces, asearlos periódicamente se convertirá en un ejercicio de autonomía y de responsabilidad individual.
¿Podremos darle la importancia que merece a la salud mental? Desapegarnos es conveniente para escapar de ansiedades, depresiones y ataques de estrés. Deshacernos de lo inútil resulta, paradójicamente, útil.
Reflexionemos sobre el beneficio que conseguiremos y preguntémonos: ¿Realmente tendremos tiempo en el futuro? ¿Hace cuánto está esto en la lista de pendientes?
La siguiente oportunidad en que encuentre ese “algo” aún por descifrar, o que pensamientos recurrentes lo atormenten, selecciónelos y haga lo que desee con ellos: regálelos, devuélvalos, repárelos, descártelos o aprovéchelos.
Asuma el riesgo de acertar o equivocarse ahora, evitando enviarlo nuevamente a las "calendas griegas". Su cabeza, su cómoda y probablemente alguien más le estarán eternamente agradecidos.
“¡Espera… no vayas a botármelo; ya lo voy a revisar!”
Escrito por
Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
Publicado en
arte, música, cine y literatura.