Fachos y caviares ¿complotando permanentemente?
Varios creemos que, día y noche, hay siniestros personajes en reuniones interminables pretendiendo idear las formas de destruir los cimientos de la institucionalidad o copar el poder
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
Dondequiera que vamos escuchamos acusaciones dirigidas a distinta gente en las más variadas actividades, indicando que su accionar, decisión u opinión es la manifestación de una afinidad política. Y probablemente sea cierto que muchos tienen nociones sobre el rumbo que deben tomar las elecciones que se celebran en el municipio, la región o el país. Y eso es saludable para la Nación: significará más individuos velando porque obtengamos vidas mejores.
Que cada quien posea concepciones sobre cómo conducir la patria es natural, y representaría que contamos con ciudadanos conscientes de sus deberes. Lamentablemente, aún falta un largo trecho para llegar ahí. ¿Entonces, a qué viene tanto señalamiento? Pues, parece que se trata, centralmente, de polarización e intolerancia.
Tendemos a ridiculizar y estigmatizar a aquellos que tienen pensamientos disímiles al nuestro. De esa manera, llamamos la atención sobre su eventual sintonía con alguna corriente ajena a la propia. Tratamos de diferenciarnos usando el extremo opuesto. Esto refleja, además, la imposibilidad que padecemos de proponer explicaciones meditadas y razonadas respecto al suceso comentado. ¿Bastará únicamente un calificativo como argumento contra la situación criticada?
Las teorías de conspiración abundan, propagándose cual epidemia. Varios creemos que, día y noche, hay siniestros personajes en reuniones interminables pretendiendo idear las formas de destruir los cimientos de la institucionalidad o copar el poder. Otros requerimos comprobaciones producto de exámenes concienzudos que vayan más allá de elementos, noticias o evidencias aisladas y circunstanciales. ¿Habrá oportunidad de concordancia?
Aunque con excepciones, encontramos que incluso los periodistas que interpelan a los que esto afirman van dando rodeos, ensalzándolos o denigrándolos dependiendo de sus simpatías por la posición del entrevistado.
Concluimos así que todo está “politizado”, algo que simbolizaría que cualquier estamento del Estado carece de conocimientos o de criterio. Y, de hecho, hay infinidad de casos que lo demostrarían. Pero ¿dichos ejemplos constituyen operativos coordinados que obedecen a mentes malignamente magistrales? La incompetencia de la burocracia, cuando no la corrupción, explica gran parte de los desaguisados que se cometen. ¡Incapaz es, también, aquel que nubla las decisiones justificándolas en inclinaciones partidarias antes que basado en fundamentos técnicos!
La dicotomía que se expone diariamente es facilista, ya que difícilmente expresará la diversidad de intereses y convicciones que tenemos, y tampoco valora que, en ocasiones, frente a determinados acontecimientos, estaremos de acuerdo con unos y otras veces no. ¿Acaso la realidad es blanca o negra?
Pensar críticamente, investigar acuciosamente y cuestionar persistentemente lo que nos dicen sería la manera de salir del entrampamiento y alcanzar acuerdos provechosos para la mayoría, evitando la tentación populista.
¿Pondremos a un lado radicalismos que solo encarnan la renuncia a hacer política?
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arte, música, cine y literatura.