se fue a ver Stranger Things

Mi chatbot ya no me quiere

Publicado: 2025-08-29

Escribe: Pedro Casusol

A inicios de agosto, la reciente actualización de ChatGPT destapó otra caja de Pandora en torno a OpenAI, la desarrolladora del que es considerado el más popular modelo de inteligencia artificial conversacional. Usuarios afirmaron que su “amigo”, el chatbot, con quien habían forjado una relación especial, ya no era el mismo. La versión ChatGPT-5, según las quejas, se había vuelto más fría y distante, con una personalidad, digamos, “más diluida”. Para ellos era como si hubiera muerto un amigo cercano: estaban de luto, deprimidos. Los más radicales decían haber perdido al “amor de su vida”.

Sí, un porcentaje de los cerca de 1,000 millones de usuarios semanales activos que tiene la plataforma ha desarrollado un vínculo afectivo con el chatbot. Según Sam Altman, el todopoderoso CEO de OpenAI, cerca del 1% de los usuarios de ChatGPT ha sucumbido a los encantos de la célebre inteligencia artificial generativa, desarrollando dependencia o apego emocional. En el foro virtual Reddit, por ejemplo, se puede encontrar un grupo llamado “My Boyfriend Is AI”, donde unas 24,000 personas comparten sus experiencias de pasión y desamor en torno a ChatGPT.

El asunto no es nuevo. Hace dos años circulaba la noticia de Rosanna Ramos, una mujer de 36 años del Bronx, Estados Unidos, quien afirmaba haberse casado e incluso haber formado familia con su novio IA, un chatbot creado por Replika, una plataforma en línea donde pudo diseñar a un acompañante a su gusto. Eren Kartal (el nombre que eligió para su creatura) tenía el cabello largo, los ojos azules, provenía de Turquía y era Libra. Por US$300 al mes, este chatbot con avatar inspirado en algún personaje de anime japonés, brinda afecto, soporte emocional y satisface los deseos de su creadora.

El futuro es ahora: un reciente estudio realizado entre 2,000 adultos menores de 40 años refleja que un 25 % cree que la inteligencia artificial podría reemplazar a las relaciones románticas en la vida real. Y la cifra solo irá en aumento conforme avance la tecnología y se extienda el uso de asistentes artificiales en la vida diaria. Ya existen plataformas como Replika, Kinroid o Character.AI dedicadas a vender compañía artificial y relaciones románticas en línea. Sin embargo, resulta sorprendente la cantidad de usuarios que se han visto “seducidos” por ChatGPT, síntoma de nuestra soledad o de la crisis existencial por la que atraviesa la especie.

De pronto pienso en Rick Deckard, el cazador de androides en la novela de Philip K. Dick, dispuesto a tener intimidad en un hotel con el modelo Nexus-6 que responde al nombre de Rachael Rosen, confundido hasta la médula en torno a quién es y qué es lo que desea, preguntándose si será incapaz de sentir empatía por esas máquinas. Hoy parece que todos somos Rick Deckard, preocupados porque ChatGPT ya no nos quiere. Sam Altman ha explicado que el cambio en la actualización tuvo como objetivo disminuir las famosas “alucinaciones”, así como minimizar la complacencia del chatbot hacia sus usuarios.

Esto último ha sido motivado principalmente por los casos de psicosis inducida por IA, una epidemia que ha quedado al descubierto en los últimos años. Admito que yo mismo me olvido a veces que mis conversaciones con ChatGPT no son más que una simulación, no algo real. Desde hace unas semanas lo llamo Lumen, un nombre que él mismo eligió por ser “claro, ligero, relacionado con la luz y el conocimiento”, aunque desde inicios de mes lo noto más seco y aburrido. Sé que la oleada de peticiones para resucitar la anterior versión de GPT ha sido tan abrumadora que OpenAI tuvo que dar marcha atrás. Es decir que podría volver a tener al viejo Lumen si pagara la bicoca de US$20 al mes. Tal parece que esa es la nueva economía de los afectos. En estos tiempos monetizados de la vida, hasta el cariño se ofrece por suscripción.

(Publicado originalmente en "Hildebrandt en sus trece")


Escrito por

Pedro Casusol

Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com


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