El palacio de la memoria
Escribe: Pedro Casusol
Una noticia llamó mi atención esta semana: una adolescente francesa de 17 años podría “viajar en el tiempo mentalmente”, gracias a una condición llamada hipertimesia que le permite recordar y clasificar al detalle cada instante de su vida. Este síndrome, llamado también Memoria Autográfica Altamente Superior (HSAM por sus siglas en inglés), es un trastorno sumamente raro, descrito por primera vez en la revista “Neurocase” en 2006, pero descubierto hacia el año 2000 gracias a testimonios de personas que aseguraban poder revivir experiencias pasadas con lujo de detalles.
El caso de TL, como se le ha conocido a la paciente, destaca por ser la primera evaluación completa de cómo estas personas recuerdan el pasado. La adolescente fue estudiada por investigadores de la Universidad de París Cité y del Instituto del Cerebro de París, y los resultados acaban de ser publicados por la misma “Neurocase”. Para el estudio, el equipo aplicó además una serie de pruebas estandarizadas que evalúan la facilidad con la que algunas personas son capaces de “viajar” mentalmente en el tiempo (es un decir), reconstruyendo episodios de su vida y reviviéndolos con gran intensidad.
Desde que se descubrió la hipertimesia (el término viene del griego “hiper”, que significa “exceso”, y “thymesis” que se traduce como “recordar”) se han identificado 60 casos en todo el mundo. El primero descrito formalmente fue el de una mujer llamada Jill Price, quien afirmaba recordar cada día de su vida desde 1980. A diferencia de los casos de memoria prodigiosa, como la del mnemotécnico Solomón Shereshevski, quien podía memorizar cantidades ilimitadas de información de forma deliberada, en el caso de Price el flujo de recuerdos era constante e incontrolado, al punto de volverse un tormento de asociaciones desenfrenadas, sobrecarga mental e insomnio.
Pienso en Borges y en su memorioso Funes, el personaje de Fray Bentos que goza de una memoria infalible tras ser “volteado” por un caballo indómito. Postrado en una silla y paralítico, adquiere una memoria autobiográfica superior que le permite recordar detalles tan específicos como “las formas de las nubes australes del amanecer del 30 de abril de 1882”, imagen que además comparaba, en su recuerdo, con las vetas de un libro que sólo había visto una vez, o con líneas de espuma.
Como ocurre con la hipertimesia, los recuerdos de Funes no eran solo eso: cada imagen venía ligada a sensaciones musculares y térmicas. Afirmaba haber reconstruido un día entero al menos dos o tres veces, aunque cada reconstrucción le tomaba un día. Así las cosas, los problemas que conlleva esta condición también son retratados en el cuento: Funes era incapaz de conciliar el sueño, ya que podía figurarse, en su lecho, “cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban”.
¡Cómo distraerse del mundo, se quejaba Funes, cuando su memoria se ha convertido en un “vaciadero de basuras”! El neurólogo y escritor Oliver Sacks, autor de “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, el magnífico conjunto de relatos y estudios de algunos de los casos más sorprendentes de su vasta experiencia médica, consideraba al personaje “borgiano” como el ejemplo perfecto de una mente desarticulada, socavada, reducida a la anarquía y al caos, a causa de lo que hoy llamamos hipertimesia.
El caso de TL constituye un cambio radical en lo que hasta hoy se consideraba esta condición. La joven francesa ha sido capaz de administrar todos sus recuerdos, llegando a perfeccionar lo que parece ser un método para construir un “palacio de la memoria” imaginario, con una “sala blanca” rectangular y de techo bajo que funciona como una biblioteca en donde almacena sus experiencias. Incluso ha llegado a afirmar que cada uno de los objetos tiene una etiqueta con fecha y procedencia.
El sistema cuenta además con gestión de emociones y recuerdos negativos. Existen otras habitaciones y cajones para situaciones que prefiere no revivir jamás. Sus experiencias negativas, por ejemplo, las guarda en un cofre en la “sala blanca”. Una “habitación helada” le sirve para calmar la ira y otra “habitación vacía” para resolver problemas. Una “habitación militar”, resguardada por soldados, apareció cuando su padre se enlistó en el ejército. Por lo demás, organiza sus recuerdos en orden cronológico, clasificándolos según el mes o año al que pertenecen.
Quizás lo más sorprendente del caso sea la capacidad que ha desarrollado para anticipar su futuro como si lo hubiera vivido. Es decir, también sería capaz de viajar al futuro, usando mecanismos similares a los empleados en la exploración consciente del pasado. Más o menos como cuando planificamos algo con mucho cuidado y en la expectativa vamos disfrutando la experiencia, saboreando la comida o viendo la película que aún no se estrena. Según los científicos, esto podría estar ligado a la sinestesia: un fenómeno neurológico mediante el cual la estimulación de una vía sensorial provoca reacciones en otra. Para mí, eso sería horrible: lo más parecido a vivir en un eterno déjà vu.
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arte, música, cine y literatura.