…Y el resto es silencio
El exceso y el abuso son desaconsejables
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
La frase del título la recordaba como un eslogan de una marca productora de equipos de música, propalada décadas atrás. Recientemente, me enteré de que es parte de un verso de Shakespeare, quien hace que Hamlet lo pronuncie mientras fallece. El primero insinúa la falta de otros sonidos gracias a la singularidad de lo que venden, y el segundo, a su ausencia por la llegada de la muerte.
Aludir al silencio puede también referirse a entrar en estados de reposo, de paz, siempre que no sea eterna. La calma que produce la inexistencia de bullicio es reconfortante para algunos. A otros, sin embargo, nos es imposible evitar pronunciarnos o escuchar algo constantemente.
Recomiendan apagar las fuentes de ruido y proceder a aislarnos cuando anhelemos mejorar el sueño, circunstancia harto difícil en las ciudades de hoy en día. Sin mencionar la incapacidad que muchos tenemos de alejarnos de los dispositivos electrónicos.
Las diversas formas de espiritualidad que existen nos recuerdan que es preciso descansar del alboroto diario para alcanzar entrelazamientos con el mundo interior. Igual que con tantas recetas, esto es más sencillo de decir que de hacer, pese a la existencia de técnicas, ejercicios y herramientas disponibles. Contradictoriamente, bastantes enseñanzas de este tipo se proveen a través de teléfonos, computadoras o televisores.
Distintas personas dirán que es poco saludable que desaprovechemos los ecos de la naturaleza, las olas del mar, alegres trinos de pájaros e innumerables murmullos y alaridos. Resonancias que tendrán un carácter pacificador unas veces y aterrador las demás.
La ironía de este asunto es que durante el tiempo en que estamos a la caza de momentos de tranquilidad, paralelamente deseamos procurarnos lo opuesto. Equilibrar dicha situación se vuelve, pues, cosa compleja.
Para varios, la falta de conversación genera un vacío insoportable. Espacio que debe ser colmado de diferentes maneras: con incoherencias, risas o chasquidos nerviosos. Tampoco dejemos de lado a los que vamos llenándonos de ansiedades si no recibimos o enviamos cotidianamente mensajes vía redes sociales. Con la excusa de participarles “nuevas” a todos evidenciamos nuestros propios conflictos internos.
De tal modo, conseguir el reposo auditivo resultará una ilusión que pocos alcanzaremos providencialmente. Pero, cuidémonos de pedirlo incesantemente; gracias a algún designio equivocado podemos sufrir un mal que nos impida oír permanentemente. Ahí, aunque imploremos, volver a percibir audio será imposible. Y reconoceremos lo que perdimos. Cuidemos de armonizar los períodos en cualquier sentido. El exceso y el abuso son desaconsejables.
¿Será factible que controlemos nuestras ínfulas de consejeros, la necesidad de compartir, las palabrerías redundantes y aquellos comentarios ociosos que nada aportan?
Acordémonos del refrán: “En boca cerrada no entran moscas”.
Escrito por
Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
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arte, música, cine y literatura.