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Sin mérito, la inclusión pierde

Y ¿cuál es el mérito invocado: padecer discapacidades, el color de la piel, la etnia de origen, la afinidad sexual o la situación socioeconómica?

Publicado: 2025-09-28

Escribe: Alfredo Coronel Zegarra

Los pueblos se benefician al contar con diversidad de perspectivas. Pero, el debate sobre derechos ha sesgado las políticas de inclusión hacia las demandas de los grupos identitarios que yerran en sus diseños, criterios y prácticas. Se proponen cruzadas aplicables a empresas, organizaciones e instituciones de diferentes tipos, que permitan a la gente acceder a trabajos, posiciones de representación popular, becas y un interminable etcétera. Y ¿cuál es el mérito invocado: padecer discapacidades, el color de la piel, la etnia de origen, la afinidad sexual o la situación socioeconómica? Ninguno referido a sus competencias para el puesto, el premio o la votación solicitada.

Entonces, estamos arriesgándonos a impedir que los mejores lleguen a dirigir entidades o países. Luego nos quejamos amargamente de la ineptitud o escasa calificación de funcionarios, ejecutivos y, en general, de aquellos que en forma pública o privada tienen como tarea atendernos. ¿Podemos acaso esperar que operarios carentes de conocimiento técnico preparen buenos productos? ¿Qué opciones tendremos de ser bien operados en establecimientos donde médicos o enfermeras aprobaron sus exámenes debido a su nivel de riqueza antes que por lo aprendido? ¿Encargaremos el análisis y la aplicación de leyes a entidades que dirigen quienes ganaron ascensos gracias al azar?

Lejos de ser caricaturizaciones, es a lo que podrían llevarnos los que desean igualarnos. Pautas desacertadas e incoherentes alentarán exclusiones, exacerbando la desconfianza.

Lograremos instalar una mediocridad gigantesca. Penalizaremos el talento, desdeñaremos la singularidad o el espíritu emprendedor en aras de la monotonía del rebaño. Así, aseguraremos que nadie descuelle, que la responsabilidad particular se diluya, que cualquiera merezca todo con nada de esfuerzo, cero fracasos o quiebras. Atrás dejaremos las oportunidades de ganar más, de desvelarnos para encabezar rankings, de progresar creando cosas aún desconocidas. Si volvemos la meritocracia inexistente desvaneceremos el pensamiento crítico y castigaremos a aquel que ose destacar por sus cualidades, habilidades o motivación personal. Quedaremos envueltos en la opacidad. ¿Qué clase de líderes conseguiríamos?

Obtendríamos gobernantes poco lúcidos que mal aplicarían las regulaciones que requerimos. Las compañías desperdiciarían las bondades de la innovación y las ventajas de la mejora continua. Los estudiantes encargarían sus labores a la inteligencia artificial y, perdiendo interés por saber más, se contentarían con eso, dejando de estudiar. Claro… siempre que no se juzgue discriminatorio reprobar a alguien por faltar a clases.

Ese ha sido y es el sueño de populistas y autócratas: que la ignorancia campee, que el discernimiento desaparezca, que la individualidad y las libertades ciudadanas queden proscritas. “Seremos idénticos”, además de ante la ley, también entre nosotros en cada esfera de la vida.

¿De esa manera fortaleceremos la institucionalidad que demandamos?


Escrito por

Pedro Casusol

Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com


Publicado en

bebedor de absenta

arte, música, cine y literatura.