espera nuevo capítulo

Discúlpenme por pedir permiso

¡Preguntemos antes de actuar, es gratis y nadie nos morderá!

Publicado: 2025-10-05

Escribe: Alfredo Coronel Zegarra

Un dicho popular señala taxativamente: “Es mejor pedir disculpas que pedir permiso”. Con esto se alude a la necesidad de ejecutar las tareas firme y rápidamente, en lugar de perderse en marañas burocráticas que implicarían las solicitudes de consentimiento.

Si bien esta actitud caracteriza a populistas y autócratas, lo cierto es que su aplicación se encuentra en distintas facetas de la vida. En casa, por ejemplo, sucede al entregar inopinadamente sorpresas indeseadas a familiares. También, en el sector empresarial, cual mantra recorre páginas de publicaciones y horas de charlas.

Sin embargo, ¿es realmente positiva dicha actitud?, ¿es tan dañino hacer que alguien más autorice lo que ansío realizar? Excluyendo aquellos casos en que estas peticiones se usan como excusa para el inmovilismo, conocer diversas perspectivas es reconocido por suministrar soporte para decisiones acertadas. Tomar resoluciones uno solo parece descabellado, especialmente si afectará más gente. Prevenir requiere el concurso de distintas voces y, aunque la determinación final sea individual, contar con advertencias resulta útil.

Proceder apresuradamente, aprender errando constantemente y omitir controles producirá resultados imprudentes e incompletos. Poca innovación y mucha desconfianza. En lugar de lealtades se generará desconcierto. Evitar los procedimientos establecidos lejos estará de representar gritos de libertad creativos cuando impliquen efectos aborrecibles.

Evidentemente, de haber pasos y necesariamente engorrosos, habrá que cambiarlos. Presionar por su modificación es el modo, no saltárselos. Desacatar instrucciones resquebraja el estado de derecho, promoviendo mayor informalidad.

Las disculpas de nada sirven cuando las consecuencias son trágicas u onerosas. Y, ciertamente lo serán de dejarnos llevar por ideas irreflexivas o inmaduras. Innovar es mayormente caótico, fruto de casualidades y depende de varias voluntades; los chispazos de genialidad son escasos e infrecuentes.

Por supuesto que la rapidez y la agilidad en las respuestas son imprescindibles, más aún en momentos como los actuales donde lo instantáneo es la norma. La virtualidad y la inteligencia artificial facilitan la inmediatez. Pero, acaso, ¿eso implicará desentendernos de los resultados? Todos queremos que nos atiendan con “la velocidad del rayo” y no reparamos en lo intrincado del pedido. Apremio que en ninguna circunstancia justifica hacerlo descuidadamente. Los proveedores son responsables de sus ofertas, comprometiéndose a satisfacerlas. Así pues, ambas partes debemos estar alertas: los que pedimos imposibles y los que ofrecemos lo que difícilmente cumpliremos.

Es de esa manera que pretender esquivar pasos o exigir soluciones con carácter de urgencia suelen ser irreales. Corregir cada posible contingencia de antemano es improbable. Definir las que son principales y evidentes es perentorio e imprescindible, de otra forma representarán faltas de respeto por los demás e insensatez mayúscula.

¡Preguntemos antes de actuar, es gratis y nadie nos morderá!


Escrito por

Pedro Casusol

Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com


Publicado en

bebedor de absenta

arte, música, cine y literatura.