Sí, todo muy bien… pero…
Tener animadversiones políticas infundadas, celos desmedidos o enconos arbitrarios son normales, nadie es santo y esas posturas pertenecen a la naturaleza humana
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
“Todo quieres, nada te satisface, parece que cualquier cosa anda mal para ti”, de tal modo me recriminaron la última vez que lancé “críticas amistosas” a una obra recién inaugurada. Resulta frecuente que nos encontremos insatisfechos con los actos de terceros. Y no es que seamos perfeccionistas, a veces, se trata simplemente de discrepancias con la afinidad política del creador. Ocasionalmente, es cuestión de pura envidia ya que fueron ideas que se les ocurrieron a otros. También puede tratarse de observaciones hechas con mala onda, solo estamos molestos porque alguien más está satisfecho o contento.
De esa manera, constantemente vivimos recibiendo o entregando manifestaciones contrarias a las innovaciones, las construcciones, las decisiones o simplemente los pensamientos de los demás. El color es muy claro, su vestimenta era inadecuada, puso demasiado énfasis en partes del discurso, incumplirá futuras regulaciones y un sinnúmero de objeciones descubriremos.
La mayor parte de ellas son marginales y se refieren a aspectos de apariencia antes que al fondo de la materia. Y si bien las formas son cruciales, en varias circunstancias terminan convirtiéndose exclusivamente en excusas para renegar de algo o denigrar a distinta gente, incluso llegar a revelar nuestros prejuicios.
Ciertamente, esto es común en la política, no obstante, lo hallaremos en la vida diaria. Ya se trate de la casa del vecino, el nuevo empaque de la competencia o las originales propuestas de compañeros. Siempre será posible identificar un “pero…”.
Al toparnos con fallas o incumplimientos en lo ofrecido, será asunto de perseverar en llamar la atención. Eso requiere, de hecho, sanciones ejemplares.
Medir y equilibrar los comentarios, decidiendo si son efectivamente menciones ajustadas a la realidad, exigirá esfuerzos de reconocimiento individual de las motivaciones que poseemos. ¿Seremos honestos con nosotros?
Tener animadversiones políticas infundadas, celos desmedidos o enconos arbitrarios son normales, nadie es santo y esas posturas pertenecen a la naturaleza humana. El tema es distinguirlas y así evitar enfrentamientos inútiles con quienes carecen de responsabilidad.
Mordernos la lengua cuando sobrevengan estos impulsos aparenta ser la solución, sin embargo, lo más probable es que sencillamente terminemos lastimándonos, dejando el problema irresuelto.
Verdaderamente, “guardarse” antipatías, malestares o recelos provocará únicamente perjuicios. En consecuencia, busquemos medios amigables de expresarnos. Todos merecemos gozar de bienestar mental, aunque hacerlo a costa del resto sería injusto. Claro que, si velar por la justicia del mundo está fuera de mis ocupaciones, pues sigamos adelante nomás. Cada uno vivirá con las consecuencias de sus actitudes y los efectos de las acciones que realiza, de eso se trata la libertad personal.
Entonces, la próxima vez, ¿escarbará hasta ubicar reparos y llamar la atención sobre sí mismo?
Escrito por
Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
Publicado en
arte, música, cine y literatura.