Eufemismos y medias tintas, la imposición silenciosa
Los apodos y las chanzas de ayer hoy serían consideradas abiertas agresiones, cuando no violaciones de la ley
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
Pensaba que usar eufemismos era una costumbre peruana, sin embargo, resultó ser común y universal. Consultando con la inteligencia artificial sobre la frase “padecer discapacidades”, me indicó que es una forma inadecuada de dirigirse a las personas, ya que aludía a “daño o pena”, y que eso raramente era cierto. Sugirió cambiarla por palabras “neutras” que impidieran victimizar al susodicho, “tener o vivir con” discapacidad.
Siendo invidente, mostré patente disconformidad, entiendo las motivaciones mas no las consecuencias. ¿Cómo alguien creería que tales circunstancias serían placenteras o inocuas? Asimismo, voces como ciego o sordo dan la impresión de estar proscritas.
Valerse de expresiones “suavizadas” también se cuela en el mundo empresarial. Así, lejos estoy de ser empleado u obrero, ahora he sido convertido en “colaborador” ¿quién liderará, decidirá y asignará tareas? Las gestiones de las organizaciones e instituciones carecen de errores o debilidades, solo presentan “oportunidades de mejora” ¿desconociendo fallas fomentaremos innovaciones? Preferimos referirnos a las explotaciones forestales como “unidades de aprovechamiento forestal” evitando la “connotación negativa” ¿ayudará eso a elevar la productividad?
Morigerarse aparenta ser la norma. Los mercenarios desaparecieron y encontramos contratistas de protección militar. Los apodos y las chanzas de ayer hoy serían consideradas abiertas agresiones, cuando no violaciones de la ley.
De tal manera, se promueve reeditar obras de arte como publicaciones de cualquier tipo, desde infantiles hasta dramas y novelas; quitarles el sesgo discriminador y despectivo es la nueva regla. Como si fuésemos parte de los autoritarismos de siglos pasados, que quemaban libros, criticamos ácidamente y pedimos cancelar la repetición de programas humorísticos que décadas atrás batían récords de sintonía.
¿Manipulamos con doble rasero aquellas “correcciones” idiomáticas? ¿Responderán dichos llamados a ocultas posiciones e ideologías políticas y morales? ¿Representarán nuevas formas de intolerancia?
Ante mí, se manifiesta la duda de si toda esta batahola de términos que presumen de ser políticamente correctos, más amistosos y menos confrontacionales o agresivos, significará que vamos dejando de ser coherentes y claros en lo que ocurre.
Estos estilos socialmente aceptables y edulcorados de intercambiar opiniones pueden ser saludables para convivir. Pero, además, esconderán hipocresía, cinismo o implicarán verdades incompletas revelando falta de transparencia. En efecto, varios merecemos ser castigados, insultados o recibir enfáticos llamados de atención. De otro modo, desalentaremos asumir responsabilidades individuales, produciremos malentendidos o incentivaremos conductas perjudiciales.
El lenguaje refleja los consensos vigentes, y en el futuro seguro volverán a cambiar. Vigilemos eludir las “medias tintas” que nos conducirán a ambigüedades, imprecisiones y quizás a desaciertos. Entonces, talvez valga la pena recuperar esa frase con la cual valorábamos la franqueza de la gente: “Al pan, pan y al vino, vino”.
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Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
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arte, música, cine y literatura.