Agobiándonos mutuamente
Hace poco me llamaron la atención debido a lo desmesurado de mis envíos a un grupo de WhatsApp. Videos, fotos, artículos e innumerables enlaces fueron demasiado: “Ya ni abro los mensajes que compartes”
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
“Vas a venir, ¿no?” “¿Recordaste recoger tus…?” “¡Prueba esto también!” son formas de insistir y entrometernos que usamos en repetidas ocasiones, atosigando a los interlocutores.
Asimismo, podemos “pasarnos” de informativos, por ejemplo, hace poco me llamaron la atención debido a lo desmesurado de mis envíos a un grupo de WhatsApp. Videos, fotos, artículos e innumerables enlaces fueron demasiado. “Ya ni abro los mensajes que compartes”, “Yo leo las noticias y no es la única red en que participo” me advirtieron dos. El menos benevolente: “Controla tus ansiedades más sanamente”.
Y es cierto, es probable que insatisfacciones personales nos lleven a abusar del tiempo del resto. Machacar a cada rato es molesto para quien recibirá estas sinceras preocupaciones. Aunque hecho de modo bienintencionado, en la mayoría de los casos, caemos mal y cansamos.
Puede ser que busquemos ayudar o agradar, y desconociendo la manera de lograrlo, creamos desconcierto. Llenar casillas de voz, bombardear con preguntas sobre tareas particulares o presentarnos inopinadamente, son excesos que producirán efectos contraproducentes. Impiden reconocer el interés real, las advertencias imprescindibles o lo prioritario. ¡Nos ahogamos en el maremágnum de intensidad!
Tal vez, la soledad, la inseguridad o la hiperactividad, cuando no la soberbia del que cree saberlo todo o tener la razón siempre, están en la raíz de dicha necesidad de comunicarnos con premura y profusión. De pronto, gustamos de alardear o mortificar nomás. En fin, individualmente haremos la valoración correspondiente y de desearlo indagaremos para remediarlo.
Mientras tanto, los demás ¿tendremos que comprenderlo?, ¿ignorarlo?, ¿corregirlo? Dependerá del grado de afecto, del nivel de interdependencia mutua, la confianza o el umbral de tolerancia que tengamos.
Entonces, ¿hemos entrado a un túnel sin salida? Pues, es otro de aquellos asuntos referidos a la humanidad que carecen de alternativas universales y estaremos al vaivén de las elecciones que adoptemos.
Así, algunos intentaremos ser conscientes de cómo afectamos al entorno y escogeremos cambiar. Varios seleccionaremos rutas de conciliación u optaremos por extremar enfrentamientos. Soluciones habrá para cualquier gusto y una a una dejará huella.
Como la libertad consiste en vivir asumiendo las consecuencias de las decisiones que tomamos, reflexionemos, evaluemos y… ¡hagamos lo que sea posible! Por supuesto, podemos abandonarlo ahí esperando que se resuelva. Total, como me comentó un compañero: “la amistad es la capacidad de aceptar las neurosis de nuestros amigos”. Extendamos esta máxima a los que están alrededor.
Y ya que nadie está libre de desasosiegos, seguro unas irán con otras, yo me quejaré de alguien y alguien lo hará de mí. Es lo maravilloso de vivir en sociedad. Aunque claro, si lo prefiere conviértase en ermitaño o inscríbase en un claustro.
Escrito por
Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
Publicado en
arte, música, cine y literatura.