Gracias por tanto, perdón por tan poco
Frente a tantos ajetreos entusiastas, tampoco faltarán aquellos que en solitario meditaremos sobre nuestras circunstancias y los momentos actuales. También habrá quienes andemos renegando por doquier
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
Usando la frase del título, despide sus programas el periodista deportivo argentino Sebastián “Pollo” Vignolo. Su fallecido compatriota, líder de la banda Soda Stereo, Gustavo Cerati, finalizaba sus conciertos con un “¡Gracias totales!”. Y así, seguro usted conocerá otras llamativas formas de agradecer.
En estas temporadas se prodigan oportunidades de expresar gratitud por lo ocurrido en el período, los obsequios recibidos, los alimentos compartidos o la compañía disfrutada.
De esa manera, una vez más llegan a su fin los doce meses. Algunos extrañaremos lo sucedido “¿Recuerdas…?”; muchos admitiremos a regañadientes que termina “¡Qué pena, me va tan bien!” y varios preferiremos que finalice “¡Por fin se acaba!”. A ninguno nos será indiferente.
En el mundo hallaremos diversos tipos de celebración y de recepción del nuevo año. Los religiosos con certeza tendrán rituales simbólicos, los demás buscaremos señales propias de reconocimiento de lo que se va y de lo que viene.
Listas de lo mejor y peor, resúmenes y repasos políticos, deportivos y de cualquier naturaleza abundarán en medios de comunicación y redes. Mientras tanto, iremos seleccionando útiles consejos de las incontables y evocadoras recapitulaciones que revolotearán alrededor.
Gran variedad de agasajos, brindis e intercambios de regalos junto a familiares, compañeros o amigos, entre múltiples convites, nos esperarán. Frente a tantos ajetreos entusiastas, tampoco faltarán aquellos que en solitario meditaremos sobre nuestras circunstancias y los momentos actuales. También habrá quienes andemos renegando por doquier, cual si fuéramos “Grinches” o “Scrooges” redivivos.
Si lo deseamos podremos aprovechar y revisar lo actuado, no para autoflagelarnos debido a lo omitido o felicitarnos por lo logrado, sino para ver qué lecciones obtener. Aprender siempre será útil en tiempos de vaivenes o de cambios, máxime cuando las opciones de convivencia pacífica se ven alteradas. La violencia e inseguridad poco ayudan, pero dejarse llevar por el pesimismo en nada colaborará. Ser realistas y conscientes de lo que hacemos es más positivo para impedir que las festividades se malogren.
Pasados los regocijos estrenaremos enero con unos kilos de más, cierto dolor de cabeza e infaltables malestares estomacales. Luego de los parabienes aceptados y entregados, vendrá el ritual de los augurios y los compromisos de buen comportamiento. ¡Juiciosos con las promesas! Y tomémonos las predicciones futuristas con calma, recuerde que nadie puede, todavía, vaticinar lo que sucederá mañana. No encontraremos ni catástrofes inminentes, ni montones de dinero volteando la esquina; menos aún sabremos los ganadores electorales.
De tal modo, confío en que durante los trescientos y pico días pasados haya estado entrenando para soportar física y mentalmente el rally que viene. De lo contrario, olvídelo y goce de los afectos que abundarán.
Nota: Esta columna volverá el 11 de enero de 2026. ¡Felices fiestas!
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Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
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arte, música, cine y literatura.