¡Te tacharé sin oírte!
Cancelar los movimientos ajenos “se vuelve” apropiado para el carente de concepciones claras, quien también se beneficiaría de reconocer variadas perspectivas y así formar la suya
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
Hace poco escuché decir, “hacer grandes predicciones requiere tener la piel gruesa”; igual sucederá al entrevistarnos con alguien cuyas ideas no compartamos, pensé. Y esto será pan de cada día en las próximas semanas.
Entramos a un año electoral, donde decidiremos quiénes gobernarán: la primera mitad, presidente y congresistas; el último trimestre, alcaldes y gobernadores. Seremos bombardeados con propaganda por cualquier vía. ¡Aturdidos quedaremos!
Durante la segunda vuelta, aquello seguro se agudizará y centrará en las “santificaciones” y “demonizaciones” de los finalistas. Periodo que pondrá a prueba, además de la capacidad para absorber gran cantidad de datos, el nivel de tolerancia que tenemos.
Solemos mencionar que valoramos la libertad de expresión; sin embargo, la mayor parte del tiempo solo consideramos válido manifestarse a los que coinciden con nosotros. ¿Eso es apertura? ¡Escuchar a los que piensan como yo es como oírme a mí mismo!
Evitamos prestarle atención a aquel con propuestas disímiles. Desconfiamos del que valora otros intereses o cuenta con principios diferentes. ¡Ninguno cuya palabra difiera de mi verdad debería gozar de tribuna! Los medios que le den espacio a “esos” serán tachados de sesgados y parcializados. Preferiremos vivir en “cajas de eco”: fuera opiniones discordantes.
¿Alguna factibilidad de debate serio y acuerdo franco habrá si empezamos denigrando? ¿Es imposible hallar nociones viables entre los demás? ¿Lograremos uniformidad de criterio conscientes de que somos diversos? ¿El país puede llegar a buen puerto sin intercambio de alternativas?
De tal modo, a fin de elegir sería preferible atender las opciones existentes, compararlas con la convicción propia, sopesarlas y llegar a conclusiones. Pensar críticamente, mantenernos escépticos y discernir serán los instrumentos que nuestro razonamiento podrá utilizar en descubrir inconsistencias y desnudar prontuarios, definiendo el voto.
De nada sirve tildar al resto de falta de “autoridad moral”, pues, “rabos de paja” encontraremos por doquier. Eso solo envilece y enrarece el proceso. Creernos superiores es signo evidente de debilidad; ¿escondemos sustentos pobres? Cancelar los movimientos ajenos “se vuelve” apropiado para el carente de concepciones claras, quien también se beneficiaría de reconocer variadas perspectivas y así formar la suya.
Defender la democracia difícilmente se logra proscribiendo declaraciones que no desaparecerán. Se obtiene dándole cabida a todos y promoviendo la contrastación de posturas. Explicar pros y contras ayudará a preparar argumentos personales. Revisar proposiciones contrarias me obligará a justificar la mía y, a la vez, la enriquecerá.
Renegamos por tener que “estudiar” innumerables listas, pero, ¿acaso no es eso lo que hacemos cuando investigamos qué teléfono comprar? Brindemos espacio y tiempo a lo que hay en la mesa, escojamos con conocimiento de causa. ¡Dejémosle el azar a los sorteos y las rifas!
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Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
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arte, música, cine y literatura.