El estito y… el otrito
Cada circunstancia requiere que seamos conscientes del impacto que producirá. En general, tendremos que aprender a diferenciar entre solicitudes de opiniones expertas y lo que son tertulias fraternales
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
¿Alguna vez se ha sentido abrumado gracias a la gran cantidad de alternativas que le ofrecen? Pues, a mí me sucede con “porfiada” frecuencia. Sin embargo, antes que recibiéndolas, suelo entregarlas. Doy infinitas soluciones a los interlocutores, a veces, conscientemente y, las restantes, sin darme cuenta.
Trátese de consultas especializadas o conversaciones amicales, voy prodigándome en opciones sobre el asunto. A pesar de que no lo pidieron, brindo sugerencia tras sugerencia. Ya sea debido a deformaciones profesionales, inseguridades irresueltas o por pretender “tener opinión respecto a cualquier tema”, la cuestión es que atropellamos a los demás. Y les haremos perder tiempo valioso. ¡Con derecho andarán quejándose de nosotros!
Considerar al resto ignorantes en una materia es malo, pero proporcionarles muchas explicaciones será peor. Es como decirles “en vista de que no entendiste a la primera, acá están la segunda, la tercera y la…” Además, es muestra de soberbia encubierta “¡mira lo que sé!”. Incluso, esa verborrea podría ser un mecanismo que esconda el desconocimiento propio. Monopolizaremos el diálogo, haciéndonos en extremo odiosos. ¿Lograremos saturarlos?
Por supuesto, dicha retahíla de afirmaciones quizás simbolice, también, la falta de concisión y precisión que padecemos. Fácil es recitar inventarios de posibilidades, lo complejo es escoger las relevantes. Recordemos que, ¡si todo es prioritario, nada lo es!
Deberemos aprender a callar y a controlarnos. Los sabihondos nunca caen bien. Claro que, de estar desinteresados en agradar, será innecesario corregirnos.
Juntar en un párrafo multiplicidad de ejemplos e ilustrar incontables situaciones son excesos a gestionar. Aunque, dependiendo del rol que juguemos pueden convertirse en referencias útiles. Si de casualidad resulta que estamos probando las bondades de medicamentos nuevos, mientras más identifiquemos, mejor. Cuando buscamos sinónimos de palabras para evitar repetirnos en un artículo corto o un cuento, bienvenidas serían recomendaciones abundantes. De esa manera, dependerá, como de costumbre, del contexto y de la ocupación que desempeñemos.
Dominarse será laborioso, especialmente al haber hecho de la enumeración una forma de expresarnos. Ese sería mi caso. A mí me costaría dejar de poner tres factores, características o justificaciones que detallen mis ideas empleando diversas perspectivas, como lo acabo de hacer.
La confianza mutua puede verse menoscabada con actitudes de esta naturaleza. Cada circunstancia requiere que seamos conscientes del impacto que producirá. En general, tendremos que aprender a diferenciar entre solicitudes de opiniones expertas y lo que son tertulias fraternales. Equilibremos las respuestas, de otro modo, varios rehuirán nuestra compañía. ¿Evitaremos que se desconecten o fatiguen?
Entonces, manejar tales costumbres, por arraigadas que estén, facilitará las interacciones personales.
Cuidémonos de caer en el “síndrome del estito y el otrito” que pocos amigos nos traerá.
Escrito por
Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
Publicado en
arte, música, cine y literatura.