Y ahora, ¿quién podrá rescatarnos?
Intentemos alejarnos de la parálisis por exceso de propuestas. ¿Queremos que el sistema emane confianza? Entonces, ¡hallemos gente confiable!
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
La historia reciente debería enseñarnos que escoger aprisa, sin meditar lo que hacemos con el voto, solo genera consecuencias desagradables. Creer que seleccionar planchas presidenciales y congresistas no precisa responsabilidad es un error. Cada día que pasa renegamos con mayor acritud de los políticos en el poder. ¿Y quién los puso ahí? Además del mea culpa, ¡aprendamos!
La pregunta del título parece apremiarnos al acercarse la fecha de los comicios. Ciertamente, será una votación compleja dada la cantidad de organizaciones y personas participantes. Como siempre, el asunto queda en nuestras manos.
¿Acaso buscaremos “un salvador”, algún “outsider” revolucionario o aquel “designado divinamente”? Ninguno es lo que necesitamos. Se trata de formas autocráticas y demagógicas que pretenden engañarnos.
Afrontar el proceso de forma consciente es lo que toca. Poco importa que haya que estudiar muchas listas. Debemos aprovechar la tecnología y las herramientas disponibles para tomar decisiones razonadas. Las fuentes verificadas nos ayudarán a comprobar la idoneidad del postulante: probidad, calificaciones y defensa de las ideas que apoyamos. Así, aligeraremos el proceso de filtrado y revisión hasta encontrar los candidatos adecuados. Contrastaremos deseos con realidades. Intentemos alejarnos de la parálisis por exceso de propuestas. ¿Queremos que el sistema emane confianza? Entonces, ¡hallemos gente confiable!
Resulta menos complicado de lo que nos lo están pintando. Basta de quejarnos, de la cantidad de opciones, de cómo se resiente la democracia, de que hay demasiados prontuariados y… La vuelta atrás es inexistente.
Creer que elegir es imposible por culpa de los partidos es renunciar a la obligación ciudadana. Ante ofertas mediocres, se vuelve más relevante aún asumirlo con seriedad.
Para el parlamento, lleguemos a las urnas con los números que marcaremos ya anotados. Casillas en blanco, dígitos al azar, consejos en la cola o antivotos sin alternativas son modos de desentendernos del derecho que tenemos. ¡Otros elegirán por nosotros!
Eludir compromisos es sencillo. ¿Evitaremos que la majestad de las investiduras siga mancillándose? ¿Excluiremos a populistas, autoritarios e ineptos que destruirán la nación?
En lugar de continuar denigrando a las autoridades públicas, reconozcamos que a ellos los designamos por mayoría. ¡A llorar al río!
Como comprobamos, no es cuestión de poner a cualquiera a dirigir el rumbo de nuestros empleos o negocios, a encaminar la educación y a asegurar la salud de todos.
¿Contrataría como encargado de la caja de su bodega a quien roba o elude pagar deudas? ¿Aceptaría que alguien violento con su propia familia determine las enseñanzas que recibirán los niños? Definir el destino de la economía familiar dependerá del sufragio que emitamos.
Si incumplimos la tarea, luego andaremos cinco años disgustados exigiendo nuevo gobierno. ¿Podremos rescatarnos?
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Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
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arte, música, cine y literatura.