Negocios son negocios
Cada quien juega su rol en la sociedad: unos seremos generadores de ideas, otros apalancaremos recursos, los demás, tal vez, seguiremos a un líder
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
Hoy escuchamos múltiples llamados a la “toma de conciencia” de los empresarios para distintas cruzadas. Pidiéndoles inmiscuirse en proteger la biodiversidad y evitar calentar el planeta, aplicar o al menos pronunciarse a favor o en contra de prácticas de diversidad e inclusión y un sinfín de pretensiones. También, se les insta a participar en movimientos electorales.
Pero, las convocatorias, con certeza bienintencionadas, ¿tienen futuro? Apelan equivocadamente a la moral, la bondad o a la responsabilidad ciudadana de los ejecutivos. Y en forma alguna ensayan argumentos sobre si aquellas opciones constituyen buenos negocios.
¿Generaremos valor a los clientes? ¿Obtendremos márgenes a fin de financiar ampliaciones e innovar? ¿Estas acciones producirán ingresos suficientes para remunerar a la cadena de abastecimiento? ¿Atraeremos y mantendremos talentos superiores? ¿Conseguiremos nuevos socios? Esas son las cuestiones a las que debemos apegarnos en tanto emprendedores.
Tales invocaciones descuidan tener en cuenta que ninguna iniciativa será exitosa cuando estafamos a consumidores, maltratamos empleados o desatendemos las poblaciones aledañas. ¡Más temprano que tarde dejaremos de competir!
Lejos de mezquindad o ignorancia se trata de prioridades. Cualquiera tendrá intereses comunitarios y políticos, es consustancial a la humanidad. Cada quien juega su rol en la sociedad: unos seremos generadores de ideas, otros apalancaremos recursos, los demás, tal vez, seguiremos a un líder. Y así, como individuos seleccionaremos aquello en lo que somos mejores. De ese modo las naciones avanzan. “¡Zapatero a tus zapatos!”.
Solemos vernos seducidos por propósitos nobles y vamos haciendo a un lado los fines de la compañía, preguntándonos luego, “¿y los resultados?”. ¡Inalcanzados! Demasiados y vagos compromisos carentes de estrategia, con dificultad aseguran rentabilidad; de esa forma es que los establecimientos prosperan, crean empleo y riqueza. La gestión necesita considerar la influencia del entorno en su quehacer, diferenciándolo de cantos de sirenas.
Las consecuencias negativas de asumir decisiones, política y no económicamente, están a la vista alrededor del mundo. Hallamos firmas reduciendo metas en materia de emisiones de carbono, boicots comerciales sufridos por marcas al alinearse con determinadas causas sociales o debido al respaldo u oposición a algún candidato presidencial. De igual manera, dichos actos tampoco consideran el daño que padecerían las organizaciones si sus “cabezas” las dejan “al garete” en aras de triunfar en los comicios, cuando no que ellos mismos sean acusados de buscar provecho particular.
Es cierto que todos debemos velar por los destinos del país, sin embargo, hagámoslo desde la labor elegida. Si nuestra productividad aumenta, tributamos, reinvertimos constantemente y beneficiamos a los agentes del mercado, estaremos cumpliendo la obligación que tenemos.
Una economía sólida ayudará a desarrollar la patria y, los pedidos de intervención en los asuntos referidos serían innecesarios.
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