¿Y si estamos viviendo en una simulación?
Llegamos a situaciones absurdas donde el mismo suceso puede ser fingido y auténtico a la vez. Ni siquiera los avances metódicos y sistémicos se salvan. Perdimos el sentido de las proporciones y descreemos de lo que sea, independientemente del sustento que tenga
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
Seguramente habrá visto películas o leído libros en los que los protagonistas descubren que habitan mundos ficticios. Esa trama nos orienta hacia la idea de que existimos en realidades falsas. Lo que ocurre es un videojuego hiperrealista, una alucinación que sufrimos mientras andamos conectados a un respirador o alguna variante. Tal vez, embebido con esas visiones, haya tenido sueños y pesadillas en las que lo acontecido era pura fantasía creada en su mente. También, conocerá argumentos que pretenden explicar lo extraordinario como la “presencia” de planos alternos. Incluso, la astrofísica considera posible que estemos en un multiverso.
Bueno, según parece ha llegado la ocasión, como en distintas oportunidades, en que los relatos fantásticos se vuelven verdaderos. Hemos determinado que la relatividad es tan potente que “lo cierto” dependerá de nuestra perspectiva particular. Nada es lo que es. Cualquier afirmación, sea o no científica, podrá ser rebatida usando otra de menor probanza, pero mayor carga afectiva. ¿Desapareció la objetividad? Reinará la arbitrariedad.
De esa manera, llegamos a situaciones absurdas donde el mismo suceso puede ser fingido y auténtico a la vez. Ni siquiera los avances metódicos y sistémicos se salvan. Perdimos el sentido de las proporciones y descreemos de lo que sea, independientemente del sustento que tenga. Confundimos superficialidad con trascendencia. ¡Le alegamos hasta a la imparcialidad!
Ayer dudábamos, usando evidencias, de diversos asuntos. Hoy las opiniones se han convertido en axiomas; hemos subvertido el significado de los hechos. Síntomas aislados son trocados en patrones.
Debatimos careciendo de pruebas demostrables. Basta casuística inconexa. Ejemplos singulares transformados en conclusiones globales y las sensaciones en dogmas inmutables. Los conocimientos actuales, antes de serlo, fueron misterios y supersticiones. Cuanta especulación hubiese, era válida en aquella época. ¿Volveremos ahí?
Los sesgos, intereses o conveniencias inundan la cotidianeidad, de forma tal que agárrese de lo que encuentre para sobrevivir en este maremágnum de griteríos, parcialidades y, donde los que más postean o alzan la voz, ganan. Aunque, por lo bajo, nadie les cree tampoco.
El dato duro dejó de ser seguro. Esperemos evitar caer en manos populistas por distraernos en lo accesorio. ¡Emoción mata razón!
¿Saldremos del entrampamiento? ¿Cada quien continuará deslumbrado en su propia ensoñación? ¿Y la sociedad?
Los filósofos de la ciencia decían que cuando un paradigma era cambiado por uno diferente, viviríamos un periodo de zozobra en el cual el cuestionamiento sería total. Y dicho caos traería nuevas certezas. No obstante, estas nacientes condiciones requerirán consensuar los principios en que basaremos la coexistencia.
¿Habrá llegado ese momento? ¿Con qué rostro volverá el convencimiento? ¿Calificaremos para llegar a acuerdos?
Mientras, acostumbrémonos a convivir en universos paralelos.
Escrito por
Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
Publicado en
arte, música, cine y literatura.