El que pide poco es un loco
Esperemos comportamientos sin obsecuencia ni obstruccionismo. Urjamos ponderación y reflexión.
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
Finalizaron las elecciones y cualquiera al que preguntemos opina sobre lo que debe hacer la nueva presidente. Los pedidos son interminables y varios pecan de falta de distinción entre el corto y largo plazo, otros son solicitudes de medidas para las que se carece de atribuciones o que tendrían que ir al Congreso. Algunos señalan que no habrá luna de miel y que de arranque la ciudadanía demandará resultados. Es entendible, la desconfianza abunda.
La población tiene expectativas positivas y negativas, aunque, en general, distan de ser extremistas como dicen los “representantes” de la voz del pueblo. Estos, en ocasiones, omiten hacer la advertencia sobre su sesgo e intereses partidarios o ideológicos. En mi caso, opté por la señora Fujimori.
En redes y medios asistimos a diversas discusiones. Por ejemplo, la conformación del gabinete, donde unos auspician que los ministros solo provengan de canteras propias, descuidando que gobernarán para todos; contrariamente, hay sectores que promueven compartir puestos con los perdedores, ignorando que ellos preferirán métodos diferentes de enfrentar la realidad. También hallamos a aquellos que quieren dejar a un lado el economicismo y humanizar el plan, como si hubiera algo más humano que reducir pobreza, lograr que los niños se alejen de la anemia o que los establecimientos de salud cuenten con medicamentos suficientes y equipos operativos. Se reclama inmediatez, creyendo que la administración entrante posee una varita mágica. Tampoco faltan quienes inciden en desmantelar el aparato estatal con precipitación desconociendo que existen compromisos asumidos y que precisamos un rediseño integral que provendría de consensos institucionales.
Sin embargo, los problemas que nos aquejan son evidentes y están claramente diagnosticados: desde los perentorios, como atender el Fenómeno de El Niño y atacar la delincuencia, hasta los recurrentes, como asegurar la separación de poderes o conseguir un Estado eficaz y eficiente que, junto a la atracción de inversiones, contribuya a cerrar brechas sociales y crear prosperidad; pasando por los eventuales, como mitigar los efectos de los conflictos geopolíticos.
De modo complementario, serán instaladas las directivas del Parlamento, cuya composición puede influir en los acuerdos que el Ejecutivo requiere para cumplir varias de sus tareas. Dichas prioridades incluyen disminuir la sobrerregulación, modificar la estructura de la burocracia, derogar decretos que vulneran el equilibrio fiscal, adecuar la normativa a fin de formalizar la pequeña minería o evaluar ajustes en determinadas leyes contra la criminalidad. Esperemos comportamientos sin obsecuencia ni obstruccionismo. Urjamos ponderación y reflexión.
Lo cierto es que las soluciones exigen liderazgo, capacidad y decisión. Asimismo, los gestos importan tanto como la acción.
Sigamos pidiendo, que en menos de diez días develaremos el rumbo que emprenderemos.
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Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
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