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Soy vivazo

Piteamos contra la informalidad del país y acordamos con nuestros empleados registrar sueldos menores y así rebajar impuestos: “¡Un gana-gana para todos!”, ¿y los bienes públicos?

Publicado: 2026-08-16

Escribe: Alfredo Coronel Zegarra

Recurrentemente, en la vida personal tratamos de sacar ventaja de las normas. Algunos evocaremos la campaña “Pepe el vivo”, de los setenta, luchando contra la evasión tributaria. Y seguro hurgando en la historia hallaremos huellas remotas de este deporte nacional. Aunque reconozcamos que no es patrimonio peruano, ya tablillas sumerias de más de cuatro mil años de antigüedad describen similares acciones dolosas. ¿Es inherente al ser humano?

Esa evidencia ofrece un falso consuelo, ya que esta actitud atraviesa, a lo largo y ancho, nuestra existencia. La economía, la sociedad y, por supuesto, la política lo demuestran.

Hoy, tan desilusionados como enojados, sentimos que hay nuevos intentos descarados de burlarnos. Esta vez, alrededor de sesenta candidatos a alcaldes pretenden reelegirse indebidamente. Repetimos esto desde que en 2015 se activó dicha prohibición, cuando lo democrático sería promover el debate de la regla en lugar de saltárnosla. Es poco provechoso para la patria que quienes quieren gobernarnos den ejemplos de irresponsabilidad e incivismo.

Sin embargo, gustamos de apuntar con el dedo; señalamos culpables con facilidad digna de encomio, si no fuera que en muchas ocasiones nos sirve como camuflaje. “¡Ahí va el ladrón!” gritamos, y tiramos la cartera.

¿Suena exagerado e injusto? Pues, veamos. Recordemos a los amigos que les son infieles a sus parejas o las veces que dejamos el coche en doble fila diciendo “un segundo nomás jefecito, fue una emergencia”, propina incluida.

Exaltados recriminamos a los que aprovechan los resquicios en la legislación electoral, mientras buscamos fallas en el contrato de alquiler propio intentando evitar pagar penalizaciones. Piteamos contra la informalidad del país y acordamos con nuestros empleados registrar sueldos menores y así rebajar impuestos: “¡Un gana-gana para todos!”, ¿y los bienes públicos? Engañamos a los mercados pirateando marcas conocidas, al tiempo que criticamos a los que incumplen el pago del mantenimiento de los hijos.

Es verdad que los casos difieren en su gravedad, alcances e implicaciones, pero coinciden en que son mecanismos para eludir compromisos asumidos. Asimismo, representan modos de medir al resto aplicando distintas varas; inclinamos hipócritamente la cancha.

Que “cada uno lo haga” o “nadie se dará cuenta” son excusas injustificables. ¿Aumentaremos la confianza?

Entonces, miremos a otro lado; total, es consustancial a nosotros. De ninguna manera; las civilizaciones avanzan combatiendo estas conductas. La convivencia y cohesión social requieren acatar sistemas mínimos de códigos. Aquellas “vivezas” debilitan y carcomen las instituciones.

El Estado de derecho, la igualdad ante la ley y el actuar particular consciente serán la mejor defensa de la libertad individual que las mentadas tropelías atacan.

Somos simples mortales; pensar que estamos más allá del bien y del mal ningún favor nos hace.


Escrito por

Pedro Casusol

Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com


Publicado en

bebedor de absenta

arte, música, cine y literatura.