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Con Dios y con el Diablo

Todo cambia, las teorías se cuestionan minuto a minuto. Las preferencias también “evolucionan” y lo que hoy estimamos actos de fe mañana seguro no lo serán

Publicado: 2026-09-06

Escribe: Alfredo Coronel Zegarra

En ocasiones, en un debate, creemos ser objetivos y equidistantes al entregarle el punto a un extremo y, luego, sobre lo mismo, plegarnos a los argumentos del grupo contrario. Nada más ajeno a la realidad; eso es antojadizo y generaría virulentas reacciones. Es obvio que ser imparcial dista de asumir una postura o de carecer de opinión. Resulta difícil apartarse de los intereses, motivaciones y fervores que poseemos.

Cuando queramos ser ecuánimes en los deportes, renunciaremos a los “amores” hacia alguno de los contrincantes. De ese modo, fungiremos de árbitros. Reconoceremos con claridad las faltas y evitaremos compensaciones para simular equilibrio.

Por contraste, en política, atendiendo a inclinaciones personales, solemos abrazar posiciones o líneas de pensamiento definidas. Y, por ejemplo, si somos de “centro”, rara vez significa hacerle guiños, en turnos, a izquierdistas o derechistas. Aquello es distinto de negociar coaliciones.

En el plano amical, muchos hemos vivido el trance de ser cercanos a ambos miembros de una pareja separándose. Esta circunstancia es compleja y escasean las reglas precisas. Llegada la hora, solo cabe acompañar con honestidad y solidaridad a uno y otro.

Entonces, es diferente tener los ojos vendados como la justicia que asignar razones discrecionalmente según sople el viento. Confiemos en las ideas propias y, de ser necesario, alejémonos de las del resto.

Aun así, a menudo repartiremos anuencias a diestra y siniestra. Eso está lejos de representar claudicación alguna. Consideremos los casos en que las decisiones enfrentadas tienen igual opción de ocurrir, o si la fuerza de la evidencia hace que debamos transigir y modificar principios inicialmente adoptados. Donde los humores de los humanos intervienen, casi nunca es viable la predicción, y dichos vaticinios manifiestan deseos particulares. El aprendizaje social tiene tiempos de maduración dispares y las estrategias o los pareceres varían a mayor velocidad que los valores.

Asimismo, hay situaciones en que ceder o dejar pasar es positivo, pues ninguna afirmación tallada en piedra es pragmática. Todo cambia, las teorías se cuestionan minuto a minuto. Las preferencias también “evolucionan” y lo que hoy estimamos actos de fe mañana seguro no lo serán. Disfrazamos equivocaciones y sesgos de verdades indudables.

En consecuencia, tengamos la mente abierta para darle el amén a aquel que proponga la mejor solución, aunque simbolice girar como veletas en nuestros juicios. Y desmarquémonos de oportunistas e hipócritas, haciéndolo de forma transparente, explicitando las causas y rindiendo cuentas. Sepamos sustentar las elecciones hechas en cualquier momento, sin temer contradecirnos. La testarudez es mala consejera.

¿Retrocederemos en aras de consensos? Total, no ascenderemos al cielo ni bajaremos al infierno por las determinaciones que tomemos; eso es pura fantasía.


Escrito por

Pedro Casusol

Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com


Publicado en

bebedor de absenta

arte, música, cine y literatura.