Si todos preguntamos, ¿quién escucha?
El método de producir conocimiento interrogando se denomina socrático, atribuyéndose a ese filósofo griego su creación. El nombre es mayéutica, literalmente técnica que ayuda a dar a luz
Escribe: Alfredo Coronel Zegarra
Cada vez con mayor frecuencia oímos y leemos que si anhelamos existencias exitosas necesitamos realizar mejores preguntas. Desde el colegio nos decían: “quienes pregunten en clase pasarán cinco minutos de vergüenza, mientras que los que dejen de hacerlo permanecerán en la ignorancia”. Como todo refrán popular, exagera, resulta simplista y, en general, omite los matices del entorno. Cuestionar es positivo, aunque tiene bemoles. Una interrupción continua se convierte, más bien, en un estorbo que impediría proseguir.
El método de producir conocimiento interrogando se denomina socrático, atribuyéndose a ese filósofo griego su creación. El nombre es mayéutica, literalmente técnica que ayuda a dar a luz. Este alumbramiento se obtiene señalando inconsistencias en el razonamiento de las personas. Sin embargo, descartar fallos lógicos puede llevarnos a perder de vista pistas para descubrimientos.
Distinto inconveniente hallamos en aquellos exámenes escolares o universitarios que indagan sobre asuntos inútiles para el desarrollo individual o el devenir diario. En lugar de inquirir respecto a saberes prescindibles, deberían investigar los procesos que aplicamos en la elección de opciones. Dicha mirada sería más provechosa para formar el criterio, enseñar a asumir los costos de las decisiones tomadas y cultivar la perseverancia. ¿Qué ciudadanos requerimos?
Hoy día, al interactuar con la inteligencia artificial, notaremos que ante idénticas instrucciones recibimos soluciones disímiles. Pedidos carentes de contexto o dar por sobreentendido lo cotidiano favorecen tales contestaciones desenfocadas. Esto generará conversaciones frustrantes, cuando no desopilantes. El software todavía desconoce lo que nosotros damos por sentado.
Igual de dañino es buscar respuestas acerca de lo ya aprendido. Faltándonos justificación clara, solo delataremos que somos inseguros o vanidosos.
Otro caso son las reuniones de directorio. “Atacar” al gerente con temas repetidos evidencia que le prestamos poca atención. Y ello, a la par, causaría retrocesos frente a los competidores. De forma análoga, en medios constatamos descuido si el entrevistador insiste en reiterar materias, logrando aburrir al público y ahuyentar audiencia.
Asimismo, innovar es escudriñar el futuro, pero además exige hacernos cargo de sus consecuencias en el mercado, apreciando lo que ahí sucede. En ese sentido, probablemente en la sección de quejas detectaremos más oportunidades que en encuestas constantes.
Ninguna contribución haremos creyéndonos dueños de la verdad, como demuestra la polarización actual. Cerrarnos a opiniones diversas es una receta para el inmovilismo o el entrampamiento. La humanidad ha avanzado auscultando espacios inexplorados.
Entonces, a fin de conseguir averiguaciones pertinentes, evitemos excluir lo que inicialmente catalogamos de “ruido”. Y, de querer aproximarnos a lo que el resto desea, comprender las circunstancias vividas o diseñar novedades, primero tendremos que estar dispuestos a escuchar.
Así que ya sabemos, no por mucho preguntar amaneceremos sabihondos.
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Consultas y colaboraciones a pedrocasusol@gmail.com
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arte, música, cine y literatura.